Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú a dónde va?
Rima XXXVIII , de Gustavo Adolfo Bécquer.
Gustavo Adolfo Bécquer
Estos cuatro versos del poeta romántico español nos sitúan ante la verdad de la pasión amorosa, que, como la felicidad del enamoramiento y el dolor de la pérdida, dura un instante y después se marchita. El poeta sevillano, insatisfecho en sus continuos fracasos amorosos, canta el amor perdido, que permanece, idealizado, en su recuerdo. Sin embargo, lo que lamenta es la pérdida de la pasión amorosa, no del amor, que es palabra plurivalente y polisémica. La pasión explota con fuerza arrolladora y con luz que ciega momentáneamente, como los fuegos de artificio, y se marchita, para dejar paso a otra pasión que acabará como la primera. De hecho, puede haber pasión sin amor, como en los prostÃbulos, y a un amor apasionado puede suceder, cuando muere la pasión, un amor desapasionado, más tranquilo, al que llamamos cariño.
Para entender el desamor debo comenzar por aclararme a mà mismo lo que es el amor, que, pese a tantos siglos de disquisiciones, aún se muestra envuelto en una densa nube de misterio, sentimiento que se aplica, sin la necesaria precisión, a múltiples objetos de la vida humana, cuyo único denominador común es el “atractivo†con que me seducen. No es lo mismo el amor que siento por un animal de compañÃa, que el de una madre para con su hijo, ni el de un amigo que el que siento por un trabajo que me agrada. Si el amor es un sentimiento, nadie me lo puede imponer por la fuerza, como en los matrimonios forzados de antaño. Por eso, también, está condenado al fracaso el primer mandamiento cristiano. Amar a un ser invisible, imaginado, por muy superior que sea, es imposible si responde a una orden. El que ama a cualquier dios, persona o cosa, sabe que lo hace por un sentimiento involuntario. Incluso el amor a los padres biológicos es consecuencia, no del nacimiento, sino del trato al recién nacido, agradecimiento al cariño que se recibe, aunque sean padres de adopción.
Si el amor entre personas es un sentimiento involuntario, que llega cuando menos lo espero, sin anunciarse y sin que yo pueda hacer nada, ni por conservarlo ni por rechazarlo, se impone a mi voluntad, me esclaviza. Llega, se aposenta en mi imaginación (no en mi corazón) y allà se queda, con vocación de eternidad. ¿Es que no recuerdas ya tu primer amor? El mÃo se acabó, pero su recuerdo permanece intacto, saliendo de vez en cuando de su negro escondite, para consolar mi soledad y alimentar mi nostalgia. ¿Es que la vida de cualquier humano no está trabada por varios fracasos amorosos? No soy el único que no ha podido conseguir ese amor que anida en una mente preñada de fantasÃas: unas veces amores soñados; otras, amores frustrados. Algunas, amores rotos por la incomprensión, la rutina, el desamor. Si, como decÃa Leibniz, “amar es encontrar en la felicidad del otro tu propia felicidadâ€, parece claro que, en el desamor, uno de los dos amantes ha dejado de ser feliz en la compañÃa del otro.
Levantando el vuelo en Opatija (Croacia)
En la ciudad croata de Opatija una preciosa escultura femenina, que mira al inmenso mar con una paloma (¿gaviota?) en la mano, a punto de emprender el vuelo, simboliza a la perfección la condición sentimental de esa persona, incapaz de conservar para siempre la pasión amorosa, encarnada en la paloma, dispuesta a perderse en el lejano horizonte, sin volver la vista atrás para agradecer, al menos, las caricias que le dieron vida y refugio. Pero esa es la condición de la pasión: aparece sin avisar, se alimenta de mi sangre y después me deja, sin compasión (es decir, sin “pasión compartidaâ€), para buscar otra vÃctima inocente. Esa es la pasión sensual, el deseo lascivo, la lÃbido latina, la patológica lujuria, el incontrolado erotismo, el mandato genético de la reproducción, al que llamo erróneamente, por costumbre, amor.
Si la pasión sexual tiene un fundamento fÃsico-neuronal, el amor, por el contrario, creo que es una ilusión, un arrebato imaginario, que busca y se entrega a la belleza, la sabidurÃa o el poder, objetos de mi admiración. Cuando el amor se impregna de deseo por la piel del otro –imán que me domina- se convierte en el amor-pasión, que es el cantado por poetas enamorados, cantores del dolor, cuando el deseo amoroso emprende el vuelo para buscar otro suelo donde anidar. No es necesario diseccionar las causas del desamor. Basta saber que existe y que el sujeto del desamor –porque no suelen darse en los dos amantes al mismo tiempo- sufre con sus punzantes heridas, como el santo Sebastián sufrÃa con las flechas que buscaban su corazón. “Del amor al odio no hay más que un pasoâ€, dice un refrán español. Este será el desamor extremo, pero también hay que considerar al desamor cohabitando con el desprecio, porque, como señala Punset, “donde se instala el desprecio, el amor no tiene cabida†(El viaje al amor).
Retablo de San Sebastián Catedral de Málaga.
En los corazones sensibles suele acompañar al dolor de la ruptura una sensación de culpabilidad (cierta o imaginada) que llega a romper el equilibrio psicológico. Para la doctora Elena Ochoa, el amor es como la locura, que distorsiona la realidad, porque sólo funciona la imaginación, idealizando a la persona deseada (Locuras y amores, lÃmites ilimitados) hasta lÃmites irracionales si la pasión no es correspondida. El intenso sentimiento de la pasión sexual es inseparable del egoÃsmo (“La maté porque era mÃa†es la expresión del machismo más animal; pero también la violencia puede ser femenina). Por eso se necesita una cura de humildad para sobrellevarlo, sin caer en el sÃndrome del victimismo. Lo que parece una traición a los ojos del amante repudidado, puede ser sólo un error de apreciación desde el primer contacto. Nunca se llega a conocer a nadie en la más profunda intimidad. Cada año se producen miles de separaciones y divorcios jurÃdicamente aceptados, pero son muchas más las veces que al amor más apasionado sucede el desamor Ãntimo y la ruptura oculta.
Según la psicóloga Helen Fisher, investigadora del Museo de Historia Natural de Nueva York (Por qué amamos. Naturaleza y quÃmica del amor romántico) el amor, como instinto animal, “dura entre 18 meses y tres añosâ€. Pero da a entender que eso no es amor, sino deseo, que desaparece si el amor no ha sido verdadero. Para muchas parejas, decir “te amo†es más inexacto que decir “te quieroâ€, “te deseoâ€. La confusión está siempre presente, porque, tanto el amor como la pasión sensual tienen por objeto la belleza, según Platón. Pero hay que saber distinguir, teniendo presente que el amor es entrega altruista, que busca la felicidad del otro, y la pasión del deseo es amor propio, ya que sólo intenta destruir esa pasión propia para liberarnos de su tiranÃa. Durante la etapa del enamoramiento compartido, la mente sufre un violento disturbio emocional, producido por la hormona de la felicidad (fenotilamina). En cambio, en los amantes rechazados, el hipotálamo cerebral segrega la hormona del miedo, llamada corticotropina, que produce una angustia mortal, aunque pasajera, propia de los manÃacos depresivos, con periodos alternativos de excitación y desesperanza. Es tan evidente el carácter quÃmico del desamor – o mejor, de la ansiedad producida por el fin de una pulsión sexual no correspondida- que se puede curar con otra hormona, la oxitocina, vinculada al desarrollo afectivo, que combate el desconcierto de una separación sentimental, tanto en los niños como en los adultos. Asà lo enseña el profesor Damasio, quien afirma que “la mejor manera de llegar al final de una emoción negativa es generando otra de la misma intensidad, pero contrariaâ€, capaz de segregar la oxitocina. Desgraciadamente, no es fácil encontrar otro amor-pasión que pueda curar las heridas del anterior desengaño.
La relación amorosa entre humanos debe ser simétrica, realizada en un ambiente de libertad. Debemos conocer, en su intimidad, el cuerpo y la mente "real" de la otra persona, consejo no fácil de seguir si estamos cegados por la pasión. Pero no hay consejos mágicos para superar el desamor. Sea o no platónico, el amor siempre nos hará sufrir. Aunque saldremos fortalecidos de la prueba, si conseguimos que nuestra razón domine nuestras pasiones y controle nuestros sentimientos. Saludos a todos los amigos/as sufridores. Vandalio.



30.06.08 @ 17:17