Basílica de la Santa Sangre en Brujas.
El paño mariano de Chartres me ha obligado a seguir reflexionando sobre el meme que controla la fe religiosa de mi especie animal, en la que abundan los crédulos creyentes. La credulidad es un componente inexcusable del edificio de la fe. Ser crédulo significa ser menor de edad, abandonarse en las manos de otro, sacrificar la razón propia en el altar de la pereza y la desidia. No querer enfrentarse con los misterios de la vida, ni con las exigencias de la propia razón, que nos avisa del peligro de no llegar a la verdadera meta de la humanidad, con sus aldabonazos de advertencia: el enemigo de la comodidad te va a ganar la partida y a derribar la fortaleza de tu castillo intelectual. Bien arropados en su fe (sea cual sea) por esa credulidad infantil, la mayoría de la especie de primates autoproclamada homo sapiens con notoria ligereza y vanidad, se siente muy a gusto en sus creencias y considera que quienes se apartan del grupo de los creyentes, son poco menos que apestados de los que se debe huir y a quienes hay que compadecer.
Pero están en un grave error, del que, desde luego, no quieren salir, aunque vislumbran que sería lo razonable para una mente adulta. Entre esas creencias irracionales, pero muy populares, están las reliquias, objetos relacionados con personas consideradas santas, generalmente fallecidas, que pueden propiciar un beneficio espiritual, o material.
Desde este punto de vista, tiene cierta explicación el culto a los restos mortales de personas santas, ya que son recuerdo de una vida consagrada al bien y a la fe, aunque la inmensa mayoría sean falsas, como reconoce el escritor Juan Eslava Galán en su libro El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo. Aceptemos, no obstante, que la devoción a las reliquias de los santos (o no tan santos) produzca un efecto psicológico, muy personal, de animación al bien, a la bondad y a la moralidad de las acciones. Al fin y al cabo, son antepasados virtuosos, ejemplo de moralidad. Así, se conservan, con gran veneración, los cuerpos momificados de santos católicos como san Ambrosio (Milán), san Fernando (Sevilla), san Saturnino (Toulouse), santa Teresa (Alba de Tormes) y otros miles repartidos por toda la geografía católica. En otros casos, ya es más dudosa la identidad, por tratarse de restos menores, como un pie de san Bartolomé (Oviedo), un dedo de santa Genoveva (París), brazo de santo Tomás de Canterbury (Burgos), un diente de San Lorenzo (Escorial), la cabeza de san Gregorio Oscense y otras reliquias sin cuento, reunidas en capillas especiales que no faltan en las principales iglesias y catedrales cristianas, como las españolas de Santiago de Compostela, Zaragoza, Sevilla, Tarragona, Toledo, etc. Algunos restos reciben la veneración de los cristianos con una fidelidad irracional, que no atiende a ningún argumento en contra. Por ejemplo, en España nadie se atreve a decir que los restos conservados en Compostela no son los del apóstol Santiago, ya que según las investigaciones históricas, nunca estuvo en España. ¿Y qué decir de los venerados huesos de santa Rosalía de Palermo, que resultaron ser de un chivo?
No podemos olvidar que el fetichismo mágico de las reliquias estuvo siempre fomentado por la Iglesia católica que no permitía la consagración de un templo si no se guardaba una reliquia corporal de santo en la mesa del altar. Reliquias cuya falsedad no importaba demasiado si contribuía a fomentar la devoción de los fieles y el mantenimiento de los templos. Como es sabido, la venta de reliquias y de indulgencias sirvió para financiar los grandiosos tesoros encerrados tras las murallas del Vaticano. La fidelidad de los creyentes se fundamenta, en muchas ocasiones, en ese fetichismo que convierte la religión en vivero de la credulidad más irracional. No es posible ser totalmente racional, es decir humano completo, aceptando como ciertas tales falsedades.
Casi todas las reliquias son falsas, pero es que las hay realmente absurdas, que no se pueden explicar fuera de un fanatismo irracional, como las plumas y los huevos del Espíritu Santo, que se veneraban en el obispado de Maguncia y una pluma del ala del arcángel Gabriel; el sobrante del barro que el Creador usó para modelar a Adán, venerado en un santuario de Sangüesa (Navarra); una pezuña petrificada, claro está, de un diablo, que se guarda celosamente en la ermita de las Angustias de Cuenca. ¿Y qué decir de los catorce prepucios que se guardaron después de la circuncisión de Jesús? Santa Catalina de Siena, una mística muy creída, presumía de tener en su poder el prepucio de Jesús, que el mismo santo niño le había regalado. El tema de los prepucios ha sido investigado minuciosamente por el fraile dominico A.V. Muller, que nos ilustra con seriedad de tamañas aberraciones. Relacionadas con la pasión de Cristo hay incontables reliquias: 800 espinas de la corona, repartidas por todo el orbe (en el monasterio español del Escorial hay once de ellas, en la catedral de Sevilla las de mayor tamaño); incluso en palacios de reyes, como en el de Madrid, se puede ver varias espinas y un clavo de la Pasión (hay otros dos en Roma y Milán); se conservan también cuatro lanzas atribuidas al soldado Longinos de la crucifixión: en el Vaticano, en París, en Cracovia y en Viena (del siglo VIII, la más venerada, incluso por Hitler). También incontables son los restos de la cruz que se guardan en iglesias católicas: Jerusalén, Roma, París, Bolonia, Madrid, Toulouse, Pamplona, Zaragoza, Sevilla y Santo Toribio de Liébana, en Santander, que presume de tener el mayor trozo. De forma que, en total, saldrían varias cruces de gran tamaño. Entre las reliquias “textiles”, aparte de la conocidísima “Santa Síndone” de Milán, ‘clonada’ en otro medio centenar por todo el mundo, y de las varias “Santa Faz” impresas en paños de la Verónica (Vaticano, Génova, Jaén, Alicante y Oviedo), hay trozos del mantel de la Santa Cena en la catedral de Coria (Cáceres)y fragmentos de los pañales usados por el niño Jesús (tres de los cuales se conservan en España). Finalmente, sólo en España se disputan el llamado “Santo Grial” o cáliz de la cena, cuatro ciudades: Valencia, Gerona, Lugo y Ciudad Real. Y los estudiosos de los templarios siguen buscando…
De absurdo en absurdo, llegamos a Oviedo, donde aseguran tener una sandalia de san Pedro; a Loreto, en Italia, donde se guarda la huella de la sandalia de la Virgen María; a Garrovillas (Cáceres) que se precia de conservar la huella dejada por Jesús el día de su ascensión a los cielos; a Coria, también en la provincia española de Cáceres, donde por no ser menos se enorgullecen de contar con la mandíbula de san Juan Bautista; a la catedral de Sevilla, donde enseñan la cabeza de una de las once mil vírgenes. La sangre de Cristo es la reliquia más venerada en la catedral de Burgo de Osma. Pero que no puede competir con la espléndida Basílica de la Santa Sangre de Brugge (Brujas) con el fastuoso relicario del siglo XVII donde se conserva la sangre derramada por Cristo. De estos y otros muchos dislates del pueblo español nos dan cuenta detallada la Guía sobrenatural de España de Carlos Pascual y la Guía de la España mágica de Juan García Atienza. ¿Cómo es posible que la credulidad general, tan fanatizada por la predicación de los ‘iluminados’ eclesiásticos en los últimos quince siglos, haya llegado a la firme creencia en tan absurdas y quiméricas reliquias? ¿Hasta dónde puede llegar la irracionalidad de hombres y mujeres dotados de razón?
Pero no quiero parecer parcial con la fe cristiana. También se venera en un templo budista de Sri Lanka un diente de Buda. El tema es apasionante, porque dice mucho de la condición humana. Vandalio.

pprompeolas
Pro
EXCELENTE ENSAYO, Y DEMOLEDOR.

HAY UN DETALLE QUE TU COMO HISTORIADOR APUNTAS, Y FUERON LAS MAFIAS QUE SE CREARON ENTRE LOS CABALLEROS DE LA CRISTIANDAD CON EL NEGOCIO DE LAS RELIQUIAS. DE NORTE A SUR Y DE ESTE A OESTE LA FÉ DE CRISTO SE CONVIRTIÓ EN UN RELICARIO INTERMINABLE QUE LLEGA A HASTA NUESTROS DÍAS. TODO PRODUCTO DE LA IGNORANCIA Y LA COMODIDAD INTELECTUAL... PERO EL SABER SIGUE ABRIENDOSE PASO. LA CIENCIA NOS QUITA LAS VENDAS IMPUESTAS POR EL PODER CATÓLICO. ES LO QUE HAY
SALUDOS RELICARIOS
PEPE